Morelia tiene muchos lugares para comer: buenos, regulares, clasicos y los lugares que se tienen que visitar. En ese rubro se clasifica Ambrosía.
Ambrosia, se ubica en la calle 20 de Noviembre, número 17 en el centro de la ciudad de Morelia (nótese aquí que no recuerdo la direccion de mi amigo que vive alla; pero la de Miguel me la aprendi el primer dia).
Raúl dijo: “Te voy a llevar a las mejores baguettes de Morelia”, a lo cual yo, Ross, alias Chosky, por chocante, respondí: “Bueno”… con todas las dudas pertinentes del caso de quien pretende alimentarme sin saber mis manias… y ahí fuimos.
Obvio: tenia que ser en un edificio viejo, casi en la esquina
Al entrar, tu propia sombra te dejará ver unos juegos de luz interesantes; y se pasea la vista por un pequeño local, con sólo tres mesas, con impecables manteles de algodón amarillo. Sin una sola mancha. y Sin ninguna migaja de pan (¿cómo lo logrará?).
Siguiente sorpresa: en un rincón esperan, para ser leídas, unas revistas de viajes por el mundo, otra de historia, más allá y, claro, aquí no discriminamos: también un ejemplar de TVnotas (sólo uno).
Y aquí inicia la aventura
Una voz, suave y modulada, nos dio la bienvenida: Miguel, lo cual, por supuesto, obliga a mirar al responsable de tal tono musical. y ahí se encuentra uno con unos ojos, brillantes de mirada calida… y una sonrisa que es un sol. Miguel, saluda a Raúl, quien es un comensal regular y nos invita a sentarnos…
Despues de ver la carta y ordenar, esperamos. Ahí pude notar buena musica. No la común y populachera, sino buena musica. Poco después me enteré que Miguel intentó en un tiempo estudiar musica. Mi ojo experto, de cuando trabajaba de señora rica: me dedicaba a evaluar calidad de servicio en restaurantes y tiendas finas, se dedicó a vagar.
Miguel es quien prepara las viandas asistido por una amable y simpática mujer. Cada uno de los ingredientes son picados al momento; pero no picados como en taqueria de barrio. NO. Son finamente rebanados en finas tiras juliana y cocinados al momento. los champiñones, cebolla, ajo, jitomate… todos los vegetales reciben este trato: se cocinan ahí mismo. Al momento de cortarlos, la carne (de buena calidad) está lista y preparada; el pan es fresco, crujiente. Es tostado un poco antes de servirlo. Los aromas que emanan de la plancha son la insinuación de lo que le espera al paladar.
Debo hacer una mención especial a un condimento que Miguel cocina de manera especial: son finas rebanadas de zanahoria cocidas con hiervas finas, ajo, sal, aceite de oliva, vinagre y más delicadezas que le dan un gusto que sólo puedo comparar con un poema, un perfume de flores muy finas apenas sugerido al paladar… un manjar. Realmente un manjar de los dioses.
Por supuesto, mi modalidad crítica se desató. Ya saben: la modalidad de mi personalidad que trabajo en control de calidad. Algo asi de perfecto. “Es muy dificil, debe tener un contra”, pensé. Asi que mi escaner paseó por el local: ni un papelito, ni una migaja, ni polvo en los pisos, y en la parrilla… ¡por dios! Se podría llevar a cabo una cirugía de lo limpia y resplandeciente que estaba. Obvio, despues del control de calidad la modalidad cambió a Recursos Humanos….
¿Qué les puedo decir después de probar los manjares que prepara este hombre? Se le ve con una cara siempre iluminada, con unos ojos cálidos, brillantes, vivos. Una sonrisa que es un sol y una figuara delgada, relajada. Invita a la conversacion cordial, simple, amable, sin pretenciones. Como llegar a visitar a un viejo amigo.
Mientras lo observaba preparando esas delicias, concentrado en su hacer con una sonrisa apenas esbozada, no pude mas que sorprenderme pensando que posee una alma vieja, luminosa. El alma de un cheff antiguo, de alto rango en algun palacio egipcio, que fue viajando en el tiempo a crear delicias en antiguas cortes inglesas o francesas.
Asi que la proxima vez que vuelva a Morelia, iré directamente a Ambrosía. Visiten a Miguel. Disfrutarán cada minuto ahí.
Ambrosias Pedidos al 3 17 85 19








